Un dato curioso de la economía venezolana

No sólo el «raspar cupos» permite obtener dinero fácil, el «bachaqueo»… es la nueva moda

LUIS VICENTE LEÓN | EL UNIVERSAL

Analizar hoy en día la economía venezolana resulta particularmente complejo, no sólo por la falta de información oficial -el Banco Central de Venezuela y otros organismos públicos mantienen su postura de ocultar la data como si eso eliminara el hecho concreto de que el país tiene la inflación más alta del mundo y la escasez es penosa comparándonos incluso con los países más pobres de la región-, sino porque nos encontramos bajo las fuerzas de un modelo controlador, cuyas políticas y acciones en los diferentes ámbitos responden principalmente a intereses políticos o particulares, en lugar de estar regidas por la lógica y la racionalidad económica.

Y es debido a los controles de: cambio, precios, distribución, tasas de interés y un largo etcétera, que se han generado los principales desequilibrios que padecemos todos los venezolanos. En un excelente trabajo del economista Francisco Allen V. (@franallen14), el cual presentó hace un par de semanas en el evento de Escenarios Datanalisis, hizo mención a una serie de «datos curiosos» que producen los controles de la economía venezolana sobre diversas áreas. De ellos, el que más me llamó la atención, por la magnitud de la distorsión, es la ganancia que puede llegar a obtener un «raspa cupo» versus lo que recibe anualmente un trabajador que perciba el salario mínimo, lo que explica claramente el estímulo a que una parte de la población se dedique más a esa actividad (bochornosa pero rentable) que a trabajar y producir en el país.

El fenómeno de los «raspa cupos» se originó al mantener un tipo de cambio fijo artificialmente bajo en una economía inflacionaria. Aunque a inicios de este año se anunciaron modificaciones en el sistema cambiario, las divisas destinadas al cupo de viajeros se mantuvieron a tasa Sicad (12 Bs./ USD), lo que representa una oportunidad de obtener dólares a un precio absurdamente bajo. Si a ello se suma que los salarios crecen a un ritmo muy inferior a la inflación -por lo que se pierde la capacidad de compra de los trabajadores-, existen fuertes estímulos a viajar para comercializar los dólares asignados en el mercado negro.

Si bien es cierto que el ingreso obtenido por un «raspa cupo» podría variar dependiendo de factores como el destino del viaje, el precio del pasaje, el tiempo de estadía y los gastos de hospedaje; en la investigación realizada por Francisco Allen los cálculos arrojaron ganancias netas que en algunos casos superaban los 300.000 bolívares. El desequilibrio existente es tan grande que, por ejemplo, una persona que comienza a trabajar devengando un salario mínimo obtiene alrededor de 106.000 bolívares al año (incluyendo utilidades, prestaciones, bono vacacional y tickets de alimentación). Pero, si esa persona logra realizar un viaje de ocho días a uno de los destinos cercanos que admite un cupo de 2.500 dólares en tarjeta de crédito más 500 dólares en efectivo, en el caso de Guyana que fue utilizado en su ejemplo, podría obtener una ganancia neta cercana a los 340.000 bolívares por vender los dólares resultantes (deducidos todos los gastos del viaje) en el mercado negro. Es decir, un viaje de ocho días puede generar a un empleado que perciba el salario mínimo aproximadamente 220% más que un año completo de trabajo.

En la medida en que el gobierno no tome acciones que permitan recuperar los equilibrios perdidos, seguirán habiendo incentivos para realizar actividades cuestionables que deterioran la productividad del país. No sólo el «raspar cupos» permite obtener dinero fácil, el «bachaqueo» se ha convertido en la nueva moda para redondearse unos churupos, convirtiéndose en el trabajo más popular del país en este momento.

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