¿Qué costo prefiere pagar?

No ha habido negociación para acomodar los intereses minoritarios

JOSÉ ANTONIO GIL YEPES | EL UNIVERSAL

Mi artículo anterior proponiendo construir confianza para negociar nuestras diferencias causó aplausos y roncha. Algunos quieren que se ajusten cuentas después de tanto daño causado al país. Un amigo califica de peligrosa mi propuesta, y dice: «El concepto es impecable en un contexto general. Para recuperar una relación es preciso restablecer la confianza. La confianza… es lo que hace una sociedad próspera. De eso no hay duda. Pero en Venezuela no estamos frente a un problema de desconfianza entre dos sectores igualmente honestos. No existen interlocutores moralmente simétricos. Lo que existe es un país de víctimas acogotadas por una pandilla de malhechores…

En mi opinión, … (el) llamado a restablecer confianza entre la oposición y el gobierno, entre dos sectores que carecen de componentes éticos comunes… representa una entrega».

Desde mi punto de vista, son muchos los aspectos que toca lo citado, pero el espacio me obliga a concentrarme en dos que considero más observables: La falta de medios para darle un enfoque épico a nuestros desencuentros, como la desarticulación de los partidos de oposición y la falta de conexión de éstos con los sectores organizados y el resto de la sociedad, y las lecciones históricas.

La historia de Venezuela se resume en un «quítate tú pa’poneme yo». Todos los cambios de régimen han sido por la fuerza y excluyendo a quienes antes excluían. No ha habido síntesis. Nos engañan con cualquier propuesta revanchista. No ha habido negociación para acomodar los intereses minoritarios. La excepción honrosa, para el Pacto de Punto Fijo, fue entregarle el poder a su enemigo HChF porque éste ganó las elecciones.

De otras historias podemos escoger entre las guerras civiles española y guatemalteca o Sudáfrica. Mandela fue guerrillero, pero cambió su enfoque, perdonó a los blancos que lo habían buscado para matarlo y le dio a su país bases morales y económicas para su desarrollo. Pasó a la historia mejor que Francisco Franco. Eso sí, la hija de Mandela le quitó el habla porque su padre se negó a pasar factura.

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